Nacionalismo, nación, nacionalidad, pueblo, Estado-nación, país…

Sello de recargo obligatorio en Barcelona a beneficio de las arcas municipales. Emitido entre 1932 y 1935. Motivo del escudo de la ciudad. Dentado 11 de línea. Litografía. Valor facial 5 céntimos. GODO-LUIS COLLECTION Stamp of compulsory surcharge in Barcelona to benefit the municipal coffers. Print run between 1932 and 1935. Motif of the city’s coat of arms. Comb 11 of line. Lithography. Face value 5 cents. GODO-LUIS COLLECTION.

El nacionalismo es, junto con la industrialización, el imperialismo y el liberalismo, uno de los grandes fenómenos de la historia contemporánea de Occidente. Aparece en Europa y Estados Unidos en el siglo XVIII, se extiende en el XIX y se convierte en una fuerza devastadora que durante el siglo XX arrasa las tierras europeas hasta dejar al Viejo continente en la posición secundaria y decadente en la que se encuentra hoy.

Su nacimiento va ligado al concepto de nación que sustituye al concepto de reino. El reino del Antiguo Régimen es propiedad del rey, persona que era depositaria del poder, es decir, de la soberanía. La nación somete al rey y lo convierte en un monarca constitucional (Constitución francesa de 1791) que ostenta su posición privilegiada porque así lo quiere la nación. Si por un casual el rey no está muy de acuerdo con esto se le corta la cabeza (Luis XVI) o se le manda a tomar viento (Declaración de Independencia de Estados Unidos en 1776). La nación es la depositaria de la soberanía, es decir, existe una soberanía nacional donde los súbditos pasan a ser ciudadanos y donde “los mejores” (los “aristos” griegos, de ahí viene aristocracia, el poder de los mejores) eligen o son elegidos. Utilizaban sistemas electorales censitarios que solo permitían votar a los mayores contribuyentes varones (existieron constituciones que permitían votar al 0,5 % de los ciudadanos) o sistemas electorales indirectos que permitían el sufragio universal masculino pero difuminando esa soberanía en las votaciones posteriores de los electos. Después de años de lucha se pasó de la soberanía nacional a la popular con sufragio universal masculino directo y posteriormente el sufragio universal donde las mujeres forman parte del cuerpo electoral como electoras y elegibles.

Hablamos por tanto de democracia, el poder del demos, del pueblo, ¡ah! ¿y quién es el pueblo? Problemón porque para algunos solo son pueblo los que hablan su lengua, los que tienen su religión, los que tienen su mismo color de piel, los que…

Vuestro libro dice que “pueblo” es la comunidad de personas con rasgos comunes, lo que deja a las minorías en una posición delicada a no ser que se acepte que se puede ser de varios pueblos a la vez, un judío alemán es del pueblo judío y del alemán, un gitano español del pueblo gitano y del español, o un español de origen foráneo.

Una definición sencilla, clara y fácil del nacionalismo es la siguiente: “Teoría política que ensalza el sentimiento de pertenencia a una nación”. Ni más ni menos, sin complicaciones, hay muchas más que hablan de reivindicaciones, de gobierno propio, de apego, de cultura, de afirmación de la propia personalidad… demasiadas para abordarlas aquí.

Lo que más ha influenciado en los movimientos nacionalistas es el romanticismo y el liberalismo político. El primero se acerca sentimentalmente a las peculiaridades del pueblo amado (idioma, tradiciones, folclore, música, historia, literatura…) y como el amor es ciego y vuelve loca a la gente hace que el nacionalista pierda la cordura y se ponga a comparar a su amado país con los vecinos. ¡Increíble! No solo resulta que su idioma es mejor que el de los otros, su literatura es claramente superior, las costumbres más sanas, las tradiciones más antiguas y claro, la conclusión es rápida, su nación es la mejor, la campeona de las naciones. El problema llega cuando el amor a la tierra que se considera propia carece de una perspectiva real, se exacerba hasta considerar la crítica o las visiones negativas sobre el objeto amado como un ataque y una traición.

Un ejemplo manido de este nacionalismo romántico es el nacionalismo alemán del XIX y otros muchos más cercanos, lo irracional se impone y argumentos tan endebles como “es un sentimiento” parecen justificarlo todo. La locura de amor llega hasta tal punto que el espíritu, cuya existencia está en discusión para la ciencia y la metafísica, se atribuye alegremente a la nación, es el Volksgeist, el espíritu del pueblo, un concepto indefinido y brutal que aplasta la libertad de los individuos. La nación no sólo tiene una categoría biológica, no es que entre en el mundo animal, es que participa de cualidades humanas y como todo humano necesita un sitio donde vivir. Aquí aparece un nuevo concepto, el de “espacio vital” (lebensraum) que transforma el concepto de suelo patrio en una especie de ecosistema amenazado. Frente al Vloksgeist y al lebensraum las libertades individuales de un ciudadano cualquiera no son nada, una bagatela jurídica que se puede pisotear y aplastar, si el individuo se rebela debe tratarse como un enemigo de la nación. No hay más.

Este nacionalismo romántico utiliza el idioma como arma política y no como instrumento de comunicación, si no hablas el idioma no eres nacional y si hablas el idioma pero tienes otra nacionalidad jurídica debes ser asimilado dentro de la nación verdadera (Anchluss de Austria y la crisis de los Sudetes).

Sello emitido el 28 de mayo de 1985 por el segundo centenario de la bandera Española. Dentado 12 ¾. Cartografía y offset multicolor. Tirada de 4.000.000 en pliegos de 60 (treinta parejas). Motivos de la Santísima Trinidad y León del Congreso de los Diputados. Impresos en pareja vertical. Valor facial de 18 pesetas. GODO-LUIS COLLECTION. Los textos son los siguientes: La bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas”. Art 4.1 de la Constitución de 1978. Abajo aparece la firma de Juan Carlos I. He resuelto que en adelante usen mis Buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baja sean encarnadas, y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de en medio amarilla. Real Decreto de 28 de Mayo de 1785. Yo el Rey (Carlos III). Stamp issued on May 28, 1985 for the second centenary of the Spanish flag. Toothing 12 ¾. Cartography and multicolor offset. Roll of 4,000,000 in sheets of 60 (thirty pairs). Reasons of the Holy Trinity and Leon of the Congress of Deputies. Printed in vertical pair. Face value of 18 pesetas. GODO-LUIS COLLECTION.

La otra corriente es el liberalismo político surgido en la Francia revolucionaria. Partiendo del reino de Francia se construye una nación donde los ciudadanos ya no son súbditos y los soldados defienden su nación de las potencias absolutistas y no el reino de su amo. El planteamiento francés a diferencia del alemán dirige su visión hacia el futuro, hay una construcción de la nación que parte del ciudadano, de abajo hacia arriba, y que avanza o retrocede en diferentes momentos históricos. Siglos después y con la ayuda del ejército estadounidense (sin estos últimos en Europa hubiera dominado un régimen totalitario, el nazi o el soviético) hemos llegado a una Europa donde Francia y otras naciones son Estados de derecho democráticos. Si las naciones son Estados de derecho, las naciones son Estados y por tanto nos encontramos con los Estado-nación, con los países.

Para muchos el Estado y la nación es lo mismo, para otros muchos no. Cuando el argumento de los segundos se centra en los rasgos comunes (lengua, cultura, o peor todavía, religión, raza…), se vuelve al concepto de pueblo y se empiezan a decir muchas tonterías, recuerdo cuando era niño que me decían “vaya asturiano al que no le gusta la fabada”, hoy me gusta mucho, pero creo que es por otros motivos que el amor a la patria chica.

Ante la falta de definición concreta en negro sobre blanco de los vínculos o rasgos comunes, se establece una frontera invisible entre las personas, con la que no estoy dispuesto a transigir. Además, ¿dónde se quedan los heterodoxos?, por deducción se quedan fuera y un pueblo sin heterodoxos es un horror de pueblo.

No todos tienen nación, existen los apátridas; no todos son nacionalistas, existen los internacionalistas, no todos se consideran de un pueblo, porque se consideran de varios o de ninguno, pero todos, todos tenemos sentimientos. Como bien escribió Wayne Dyer en su libro “Tus zonas erróneas”, los sentimientos son producto del pensamiento y por tanto quien domina el pensamiento domina el sentimiento y lo orienta. ¿Difícil? Sí. ¿Posible? También.

Personalmente intentaré no entristecerme más por lo que está pasando en Cataluña y no me abrumaré con las noticias de allegados catalanes que cuentan lo aterrados que están y las presiones que reciben. Es muy difícil, después de tantos años permitiéndoles incumplir la ley, cambiar las tornas en dos semanas, van a ser muchos años de mala convivencia en Cataluña e incluso es posible que no se pueda arreglar el entuerto. Hace más de 15 años viví unos cinco meses en Barcelona y no estuve mal allí, pero hoy me alegro mucho de no vivir en Cataluña.

Quizás la crisis sirva para superar el conflicto con una solución que no pase por la violencia, o por un federalismo asimétrico que termine por consolidar años de sobornos económicos y políticos gracias a la dejación de funciones del Estado en Cataluña. Las actuaciones de hoy no pueden ser las mejores porque llegan tarde, esperemos que triunfe la justicia y que los causantes de tanto dolor rindan cuentas en los tribunales por partir una sociedad en dos y por todas las ilegalidades cometidas.

La discusión entre la soberanía española y la soberanía catalana no tiene solución, son dos fuentes de poder enfrentadas por lo que debemos ir a lo que realmente existe, que son las leyes y de entre ellas la Constitución. Todo el pueblo español en su conjunto es el soberano y por tanto sin la aprobación de las Cortes, es decir, sin la aprobación de la soberanía popular, Cataluña no puede ser legítimamente independiente ni decidir de forma unilateral sobre el tema. Me llama la atención la precipitación de acontecimientos, mucho más cuando los nacionalistas tienen el mayor número de diputados afines a sus tesis del que nunca han tenido.

Al fin y al cabo el Estado-nación es una realidad que nos proporciona un pasaporte para viajar, nos cobra más o menos impuestos, nos proporciona mejores o peores servicios, nos juzga, nos encarcela, nos subvenciona y nos estructura el terruño con una organización territorial y un sistema político más o menos eficaz.

Me despido mandando un abrazo a los que están sufriendo tantos malos momentos en Cataluña y a los que están preocupados por el futuro ante esta involución nacionalista que nos devuelve a la primera mitad del siglo XX.

Esperemos que mañana no triunfen los violentos y que se cumpla la ley.

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