Hitler matasellado

Tener un sello con la efigie de Hitler es bastante accesible para cualquier filatelista, a estas alturas ya sabemos que el motivo del Jefe de Estado es muy popular en casi todos los países y en casi todos los regímenes políticos. Pero se hace más propaganda donde el culto al líder está institucionalizado y es una obligación, en el régimen nazi el tratamiento dado a Hitler era de carácter místico.

Sello alemán de la serie básica con la efigie del canciller Adolf Hitler. Emitidos desde el 1 de agosto de 1941 hasta la desaparición del Tercer Reich en 1945. Dentado 14 x 14 ¼ Valor facial de 5 peniques de marco imperial. Tipografía color verde oliva. German stamp of the basic series with the effigy of Chancellor Adolf Hitler. Issued on August 1, 1941 until the disappearance of the Third Reich in 1945. Comb 14 x 14 ¼ Face value of 5 pence imperial frame. Olive-colored typography. GODO-LUIS COLLECTION

Pero lo que más me llama la atención de este sello es la fecha del matasellos, 8 de noviembre de 1941, es decir, en plena Segunda Guerra Mundial y en plena Operación Barbarroja (nombre en clave del ataque sorpresa alemán contra la Unión Soviética). En agosto de 1939 Hitler y Stalin habían firmado el Pacto de no agresión germano-soviético pero en junio de 1941 los alemanes atacaron y Stalin se vio sorprendido a pesar que Ramsay, un espía de novela llamado realmente Richard Sorge, había advertido desde Tokio sobre la fecha casi exacta de la ofensiva secreta alemana.

Las batalla auguraban una rápida victoria alemana pero las cosas cambiaron gracias al invierno ruso y las tropas que Stalin movilizó desde la frontera China haciendo caso, esta vez sí, de la información de Ramsay sobre la intención de Japón de centrarse en China y no invadir la URSS. Los nazis avanzaron rápidamente hacia el sur, para cruzar el Cáucaso y llegar a los pozos petrolíferos de Bakú, hacia el norte iniciando el asedio de Leningrado y por el centro hacia la capital. El general Zhukov les esperaba con una estrategia envolvente que permitió la primera victoria soviética en la famosa batalla de Moscú (2-10-41 a 7-1-42). Este punto de inflexión fue el primer síntoma de debilidad del Tercer Reich y un adelanto del descalabro que sufrirán al invierno siguiente en Stalingrado.

Pero Adolf Hitler el 8 de noviembre de 1941 estaba celebrando una cena multitudinaria en una cervecería muniquesa por el decimoctavo aniversario del Putsch de Múnich, aquel extraño golpe de estado fallido que en 1923 le llevó a la cárcel. Condenado a cinco años, salió después de 8 meses a la sombra que le sirvieron para escribir Mein Kampf (Mi lucha), un fracaso editorial que se convirtió en superventas con el ascenso de los nazis.

Pero volvamos a la fecha del matasellos y a la Löwenbraukeller, la cervecería donde el optimismo se desbordaba por la marcha de la guerra, la comida y la cerveza, el alcohol también ayudaría. Ante un público de militantes nacionalsocialistas Hitler pronunció un discurso vanagloriándose de la victoria inminente sobre la URSS que liberaría a Europa del peligro comunista, celebrando los 8 o 10 millones de soldados soviéticos eliminados y los más de 3,6 millones de prisioneros que iban a utilizarse como mano de obra esclava, también tildó varias veces a Churchill de borracho, cargó cada poco contra los judíos como animadores de los enfrentamientos entre naciones, presumió del tratamiento excesivamente amable de sus tropas con la población civil de las zonas conquistadas (a los que ni roban ni violan) y dijo que el término Blitzkrieg (guerra relámpago) era ridículo, pero presumió de sus resultados ya que nunca un imperio tan grande había caído tan rápido.

En resumen, un discurso cínico, racista y triunfalista del que estaba empezando a perder la guerra y que en menos de cuatro años terminaría suicidándose en un búnker a las afueras de un Berlín que estaba siendo tomado por las tropas soviéticas.

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